El Viaje al Mictlán y el Guía Fiel
Nueve niveles de sombras el alma debía cruzar,
ríos, vientos y flechas, para al fin descansar.
Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señores del gran salón,
esperaban con paciencia la eterna comunión.
Para cruzar el caudaloso río Apanohuacalhuia, el difunto necesitaba la guía incondicional de un perro Xoloitzcuintle. Si en vida el humano había sido cruel con los perros, el Xolo se negaría a ayudarle, dejando su alma vagar eternamente. Solo el respeto hacia la naturaleza garantizaba el paso. En los nueve estratos del Mictlán, los muertos perdían gradualmente su cuerpo y sus pasiones terrenales, fundiéndose finalmente con el universo.

